El Primer Testigo

 


"Primer Testigo" es el primero que presencia o revela la verdad oculta, la imagen primordial o la visión sagrada.

El que ve lo que nadie más ha visto

El Primer Testigo es aquel que contempla por primera vez una verdad, una forma, un acontecimiento sagrado o un arquetipo. Es el que se enfrenta a lo desconocido, al origen o a la revelación, y sufre la carga de tener que portar esa visión.
Es aquél que presencia el surgimiento de la forma arquetípica desde el caos, el que ve lo que aún no ha sido nombrado, lo que aún no tiene figura.

El testigo arquetípico

Representa la conciencia que emerge por primera vez frente a la realidad: una especie de Ur-Testigo, anterior incluso al lenguaje, que da fe de lo Real antes de que el mundo sea narrado o codificado.
Un ojo que se abre en la oscuridad primordial. No habla, no actúa: solo ve, y en ese ver funda el mundo.

El artista y el testigo originario

En una lectura existencial o estética, el Primer Testigo sería el artista, en tanto aquél que ve lo invisible y lo manifiesta. El arte sería entonces el testimonio de esa primera mirada de inocencia; una especie de acto profético.
Convoca la forma a través de la mirada. Ve la imagen y la arrastra al mundo.

Exiliado de lo eterno

Desde una perspectiva trágica, el Primer Testigo puede ser el desterrado del Edén, el Prometeo, el que ha visto la fuente y ya no puede volver. Su visión es a la vez un don y una condena: testigo de algo que otros no pueden comprender.
Su arte o filosofía es entonces un intento de comunicar lo incomunicable. Su testimonio siempre llega distorsionado, incompleto, porque nadie más ha visto lo que él vio.

El Primer Testigo devino viajero en el espacio acrónico; un heraldo del silencio en el que surgió "la forma originaria".


***

En el Origen, antes del tiempo,
no había forma ni luz.
Solo el Velo; una materia densa y muda,
informe pero latente.
Dentro de este abismo,
sin causa ni lenguaje,
algo fue visto.
Y en ese instante de visión,
nació el Primer Testigo.

No creó la forma. La presenció.
No manifestó. Pero su mirada rasgó el Velo.
...

Su cualidad esencial es la mirada absoluta,
una capacidad pasiva y total de presencia
frente a lo innombrable.

Es la conciencia desnuda antes
de que el mundo se estabilice en
símbolos, nombres o estructuras.


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